El conocimiento previo es el fundamento a tener en cuenta por el profesor durante el proceso docente educativo para facilitar el aprendizaje de nuevos conceptos de forma significativa, ya que lo más importante en la relación que se establece entre lo que se enseña y lo que se aprende, es lo que ya conoce, porque es con quien se establecen los nexos para que el nuevo conocimiento adquiera significado.

Cuando el estudiante enfrenta un nuevo contenido, lo hace armado con una serie de conceptos, concepciones, representaciones y conocimientos, adquiridos en el transcurso de sus experiencias previas, utilizados como instrumentos de lectura e interpretación; determinando en parte qué información seleccionará, cómo la organizará y qué tipos de relaciones establecerá entre
ellas.
En la medida en que un estudiante avanza a través de los distintos niveles de enseñanza, las ideas erróneas tienden a disminuir, debido a que se va apoderando de cierta lógica científica. Es razonable que estas ideas sean científicamente inadecuadas, porque lo contrario haría innecesario el gran esfuerzo de abstracción y lucha contra el sentido común que implica la construcción de la ciencia.
El proceso docente–educativo debe ser diseñado de forma tal que esas ideas presentes en el alumno, erróneas o no, se transformen y conviertan en ideas aceptadas por la comunidad científica. El profesor, con el uso de adecuadas estrategias de enseñanza–aprendizaje, es el responsable de convertir la mayor cantidad de esas ideas previas en conceptos científicos.

